Cuando ingresé a la Escuela Militar, tenia apenas 15 años, y me enfrentaba a un gran reto, el cambiar mi vida, de la tipica en casa de los padres, por un sistema disciplinado y jerarquizado.-estaba nervioso y asustado-
Mi primer encontrón con la realidad fue tanto para mi, como para todos, la ceremonia de despedida a los padres, -la verdad que es muy fuerte-. Es en ese momento cuando uno recién se enfrenta a su futuro y lo que será el riguroso encierro de los primeros meses en la Escuela Militar, claustro que durara un par de meses, hasta la entrega de espadines (de febrero a fines de marzo).-a todos se nos apretó el estomago, luego nos rodaron algunas lagrimas por las mejillas-, ese día comenzábamos el camino para convertirnos en soldados.
Primero fuimos organizados en dos compañías de cadetes, nos formaron en el patio Alpatacal, (tiene ese nombre en honor al os mártires del accidente de la escuela en Argentina (Mas Informacion) y luego del discurso de bienvenida por parte del director de la escuela, totalmente cargado de emotividad y señales de lo que nos depara lanueva vida en la escuela, nos dieron algunos minutos para despedirnos definitivamente de nuestras familias, la próxima vez que los viéramos seriamos otros –de hecho puedo recordar que para mi primera salida franco, cuando fui a vestirme con mi ropa de civil, esta ya no me quedaba tenia un par de tallas mas, me había crecido la espalda y los muslos, y mentalmente me conducía con un concepto nuevo, la disciplina-.
Esos minutos, de abrazos y besos de despedida, son muy cortos o se sienten así, sin darse uno cuenta nuevamente suena la trompeta y hay que regresar a formar, ahora junto a quienes a partir de ese momento y para toda la vida serán tus Compañeros de Curso.
Con la cara aun llena por la humedad provocada por las lágrimas del adiós a la familia, y muy asustados, sétimos la voz de un oficial que decía, ¡POR CHILE!, lleve la compañía al Patio de la Orden (recinto interior en que diariamente se leen las órdenes para la compañía).
En ese minuto pensé, que debía ser muy importante este momento, ya que su simbolismo se reflejaba en que ¡POR CHILE! se nos acaraban nuestra vida de civil y comenzábamos el camino del servicio a la patria.
Acto seguido nos repartieron el uniforme de la patria, -por aquel entonces el Ejército de Chile era muy pobre, por lo que nos entregaron unas tenidas verde olivas (de combate) usadas-. Sentí un poco de frustración, pero la realidad es que no había uniformes nuevos, triste realidad que espero no se repita jamás.
Luego, nuevamente escuche la voz firme y de un Oficial decir ¡POR CHILE! , lleve la compañía a los comedores. –de inmediato pensé, que extraño, ir a los comedores ¡POR CHILE!.
Estas ordenes continuaron durante todo el primer día y el siguiente, comencé a sentirme un poco incomodo, todo se hacia POR CHILE, ya me sonaba a fanatismo.
En el segundo y tercer día ya me cuestionaba, -¿Dónde me vine a meter? -Estos huevotes están rallados con el patriotismo y no creo que deba ser para tanto- de verdad comencé a preocuparme y lo que es mas grave a cuestionarme, ¿donde me vine a meter?.
Todo se aclaro al final del tercer día en la Escuela Militar, era una confusión y se debía a un problema fonético.
El brigadier Mayor, (Alumno antiguo que por su buen promedio de notas tiene mando sobre los reclutas) tenia por apellido PORCCILE, y como en italiano la CC se lee CH, cuando le ordenaban hacer esta u otra actividad, no se trataba de amor exagerado o fanático a la patria, si no que solo se debía a que nombraban Brigadier Mayor de la Compañía, por su apellido.
Manuel Toribio Núñez




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